Eliza Cruz Rueda. Universidad Autónoma de Chiapas, México.
El oficio o la labor de juzgar, especialmente en contextos de diversidad étnica y cultural, requiere que los jueces constitucionales adquieran o desarrollen una serie de habilidades y competencias que le ayuden, por un lado, a comprender los hechos culturales y, por el otro lado, a ponderarlos respecto a otros valores y principios que igualmente rigen el ordenamiento constitucional y legal de un país, a la hora de tomar una decisión.
Entre varias, estas son las competencias que un juez constitucional debería tener:
Capacidad de interpretar hechos y realidades culturales, y de ponderarlos con otros valores y principios constitucionalmente consagrados.
Es, por ejemplo, el caso de los fuetazos que algunas comunidades indígenas propinan a quienes infringieron normas internas. El juez debe establecer con base en los hechos hasta donde es un hecho cultural tolerado por la Constitución Política, o si es un acto de tortura y trato degradante.
Capacidad de establecer diálogos edificantes con los “otros”, y de considerar otras perspectivas culturales en el ejercicio de sus funciones.
Entre esos “otros” pueden estar no solo sectores del poder judicial, sino también expertos académicos, organizaciones de la sociedad civil, autoridades civiles, políticas y espirituales de los pueblos étnicos, etcétera.
Capacidad de acceder y emplear de los conocimientos necesarios para interpretar y tomar decisiones, como, por ejemplo, jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, o de tribunales constitucionales de otros países.
Tal capacidad implica conocer la diversidad étnica y cultural existente, así como las alternativas más convenientes para conciliar tal diversidad y su autonomía, con los imperativos de la unidad nacional.
Capacidad de reflexionar sobre su función, rol y actuaciones, amparado en principios éticos y políticos.
Tener a solvencia personal y subjetiva de apartarse de sus particulares convicciones y atreverse a conocer al otro desde una perspectiva distinta, supone la capacidad de interpelarse, cuestionarse incluso y actuar en consecuencia.